mayo 27, 2020

Civilización y cultura

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El liberalismo, la teoría real y la distorsión. Capítulo 2: Lo que el liberalismo no es. (2)

Esta es la tercera parte de los artículos dedicados al liberalismo. Si queréis leer el anterior para seguid este link:

El liberalismo, la teoría real y la distorsión. Capítulo 2: Lo que el liberalismo no es. (1)

Introducción

Los sucesivos artículos hablan de los puntos en los que se basa el liberalismo, pero de una forma negativa, es decir, desmintiendo todo aquello que se le atribuye y que los liberales no aceptarían. El objetivo es el de explicar este tema pero mediante entradas no demasiado largas, con el objetivo de incentivar o no desanimar a la lecura de las mismas. Hoy seguiremos con el tercer punto.

Tercero

Las experiencias recogidas de la seguridad social, en general, y, especialmente del sistema más antiguo, y completo, cual fue siempre el alemán, evidencian los inconvenientes de adormecer o suprimir tales incentivos humanos. Comunidad civilizada alguna ha permitido que sus seres incapacitados perecieran sin auxilio de ningún género2.

Ludwig von Mises. La acción humana. Madrid, Unión Editorial, 198. P. 1211

Desde este punto de vista, si la existencia material de una persona se halla en peligro debido a su incapacidad para acceder a recursos físicos (ya sea por ocupación pacífica o por transferencia de un tercer propietario) en un mundo donde todos esos recursos ya han sido objeto de apropiación, entonces esa persona debería ser compensada para que pueda exigírsele el respeto a los derechos de propiedad ajenos. Nótese que no hablamos de personas que adopten una actitud pasiva ante la adquisición de propiedad (por ejemplo, personas que pudiendo trabajar se nieguen a hacerlo), sino de individuos que, aun estando dispuestos a emprender cualquier curso de acción, son incapaces de acceder a ninguna propiedad dentro de un orden político con derechos de propiedad ya consolidados.

Juan Ramón Rallo. Liberalismo. Los 10 principios del orden político liberal. Deusto. Principio 4. La propiedad privada.

El tercer punto se deriva de los anteriores.

Se considera que en un sistema liberal la gente no tendría acceso a la sanidad.

Falso, seria el asociacionismo de las comunidades y de las personas quienes crearían sus mutuas y sistemas de protección comunitarios. Es posible que los que no quisieran contribuir a ellas o a mantenerlas no tendrían acceso a ese tipo sanidad, pero eso ya depende de la libertad personal. Cada uno es dueño y gestor de su propia vida, si uno no se hace cargo de ella de forma responsable en relación con su salud no puede luego pedir a aquellos que se esfuerzan con su trabajo para mantener un sistema sanitario que paguen por su irresponsabilidad.

El sector público de salud es ahora tan grande que consume la mitad de todo el gasto sanitario de los Estados Unidos. El Gobierno financia un 48% de todo el gasto de salud que se da en el país, mientras que el promedio de la OCDE es del 73%, aunque el gasto del sector público es similar o superior a muchos países de la OCDE y está equiparado con Alemania, Suiza, Bélgica, Austria o Nueva Zelanda. Además, según la Organización Mundial de la Salud, el gasto público per cápita en salud es el cuarto más alto del mundo, solo por detrás de Holanda, Luxemburgo y Noruega. –

https://www.libremercado.com/2018-12-08/el-falso-mito-de-la-sanidad-publica-en-eeuu-es-el-cuarto-pais-con-mas-gasto-per-capita-1276629031/

En todo caso, los liberales también están seguros que se crearían fundaciones para resolver estos problemas de salud pública, como ya sucede hoy en día en Estados Unidos, donde, además, es falso que la gente se muera por falta de atención médica. El sistema sanitario público de los Estados Unidos es, en la actualidad, uno de los más potentes del mundo. De cualquier manera, también es posible defender desde posturas bastante extremas o minarquistas del liberalismo, como se desprende de forma lógica de la cita de Juan Ramón Rayo, una intervención del estado para determinadas cuestiones sanitarias en orden de salvaguardar la vida de la salud y las personas cuando estas no pudieran hacer frente a gastos sanitarios.

Nótese, eso sí, que la libertad de acción va indisociablemente unida a la responsabilidad individual por las acciones cometidas, y lo hace en un doble sentido: por un lado y en un nivel muy elemental, el derecho de libertad lleva aparejado el deber correlativo de respetar la libertad ajena, y la obligación de semejante deber conllevará la obligación de reparar ulteriormente el daño causado (…) por otro lado, y derivado de la misma idea de libertad personal, si bien cada persona es libre de tomar sobre su vida aquellas decisiones que considere oportunas, los demás también son libres de no querer interactuar con quienes han tomado decisiones que consideran inaceptables.

Juan Ramón Rallo. Liberalismo. Los 10 principios del orden político liberal. Deusto. Principio 3. El derecho más básico de toda persona es la libertad

En relación a los primeros tres puntos y de acuerdo con los criterios liberales, hay que hablar de la autoresponsabilidad.

Las personas han de ser conscientes que en sociedad existe una dependencia mutua, y cada uno ha de ser responsable tanto de sí mismo como de aquellos de los que depende. No se puede exigir nada si no ofreces nada a cambio. El estatismo socialista fomenta la irresponsabilidad y la holgazanería. Así, muchos okupas y antsistema de diversa índole piensan que por el sólo hecho de existir se les ha de dar un subsidio y una casa, por esto roban viviendas y otros tipos de propiedades inmobiliarias. No piensan en absoluto en el esfuerzo que han hecho los demás a la hora de crear bienes. Desprecian el trabajo ajeno y además acusan de capitalistas patriarcales a aquellos que trabajando crean la riqueza de la que luego ellos se benefician con subvenciones. Es decir, piensan en todo menos trabajar y obligan a los demás a mantenerlos.

Son lo que en filosfía política se llaman los “gorrones” (free riders), y hay extensos estudios para definir cuántos gorrones puede mantenar una sociedad (que conste expresamente que aquí no me refiero a los sin techo que han quedado sin trabajo o que han perdido sus bienes en determinados procedimientos de deshaucio, ya que muchos de ellos no son gente irresponsable, sino  víctimas de los flujos y reflujos de la vida económica).

Desgraciadamente, hay muchos tipos de gorrones que viven del erario público. Por ejemplo, aquellos que reciben subvenciones a través de asociaciones que crean falsos problemas que se deben resolver, o aquellos que reciben ayudas a la “cultura” para filmar películas que no va a ver nadie porque no tienen interés público. También tendríamos que hablar de los multiples assesores vinculados al sistema público español. 

De hecho, cuando se rebasa un cierto cupo de gorrones, la salud económica de los estados se resiente y si a ello le añadimos una  gestión del todo ineficiente se produce el desastre. En relación con el Chile de Salvador Allende, Naomi Klein, en la Terapia del Shock, se olvida de relatar que la inflación era del 605 por ciento. También se olvida de contarnos que unos zapatos en Chile en el año 70 valían 150 escudos, y en el 73, 3000 escudos.

Cuarto

Suele la gente pensar que el liberalismo se distingue de otras tendencias políticas en que procura beneficiar a determinada clase (la constituida por los poseedores, por los capitalistas y los grandes empresarios) en prejuicio del resto de la población. Este supuesto es erróneo. El liberalismo ha pugnado siempre por el bien de todos. Tal es el objetivo que los utilitaristas ingleses pretendían describir con su no muy acertada frase “la máxima felicidad para el mayor número posible”. Desde un punto de vista histórico, el liberalismo fue el primer movimiento político que quiso promover el no el bienestar de específicos grupos , sino el general3.

Ludwig von Mises. Liberalismo. Barcelona, Planeta de Agostini, 1994. P. 23

El cuarto punto consiste en creer que el liberalismo pretende crear un sistema de desigualdad y pobreza.

Falso. El liberalismo defiende el capitalismo, el libre mercado y la creación de riqueza. El liberalismo no tiene nada en contra la desigualdad, pero que haya desigualdad no significa que haya de haber gente muy rica junto a gente miserable. De hecho, puede haber gente muy rica que cada día se haga más rica junto a gente que puede vivir bien y muy bien mientras va mejorando las condiciones materiales de su vida.

Como el capitalismo y el libre mercado son sistemas muy eficientes a la hora de producir riqueza, en tanto que se adaptan muy rápidamente a los cambios, pueden suministrar todos los bienes necesarios para toda la sociedad. De hecho, sostienen, que los países donde el mercado es más libre se crea más riqueza, la renta sube y hay mucho menos pobreza, cosa que, según ellos (por ejemplo Javier Milei -aunque no he contrastado las estadísticas a las que se refiere-) avalan los datos. Por el contrario, donde el estado controla más la economía, hay mucha más pobreza porque el sistema es más ineficiente e inflexible a la hora de adaptarse a las necesidades cambiantes de la sociedad, crea mucho menos riqueza, lo que a su vez crea muchos más pobres.

Recordemos, en todo caso, que el Estado mínimo del liberalismo sí sería potencialmente compatible con una transferencia de renta hacia aquellos que carecieran de recursos y que, al mismo tiempo, fueran absolutamente incapaces de lograrlos cooperando con otras personas dentro de una estructura de derechos de propiedad dada.

Rallo, Juan Ramón. Liberalismo (Spanish Edition). Deusto. Principio 9: el gobierno ha de limitarse estrictamente a proteger los derechos individuales

En relación con este punto, es fácil suponer que el liberalismo no quiere destruir el estado del bienestar.

 

Todo depende de qué entendamos como “estado del bienestar”. Si la idea de “estado de bienestar” se asocia a un intervencionismo estatal desmedido desde luego que sí, pero esa es una visión muy restrictiva de la idea de “estado de bienestar”.

El liberalismo quiere acabar con el estatismo precisamente para que haya una mayor prosperidad y haya mucha más riqueza para repartir. Además de lo que se ha dicho antes, el estado tiende a absorber riqueza de forma descontrolada. En general, gasta de forma compulsiva sin crear riqueza. El desarrollo económico requiere ahorro, no despilfarro. El ahorro se puede invertir en nuevas tecnologías y en la creación de empresas.

Así, el liberalismo considera que el ahorro privado es la fuente de la riqueza y los puestos de trabajo. Contrariamente a ello, el estatismo y los partidos se llevan muy bien con la pobreza porque pueden crear redes clientelares y secuestrar el voto haciendo que la gente dependa de ellos.

Link a la entrada siguiente sobre el tema:

El liberalismo, la teoría real y la distorsión. Capítulo 2: Lo que el liberalismo no es. (3)

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