Civilización y cultura

Repensar el nacionalismo

Qué era y qué es Civilización y cultura

Lo que pretendía ser

Este sitio web no tiene ánimo de lucro. Pretendía ser una plataforma para personas que no tuvieran la posibilidad de publicar sus libros en ninguna editorial tradicional, que los hubieran autoeditado (en papel, PDF u otros formatos) y que los quisieran presentar al público o venderlos. Pero está pretensión se ha demostrado absolutamente utópica, ya que existen plataformas mucho mayores, como Amazon o Scribd, que realizan esta función de manera muy eficiente y con las cuales es imposible competir. Así, si quiero poner a vuestra disposición algún libro, probablemente será a través de Amazon.

Nuevos objetivos

Por este motivo, además, debo modificar la declaración de objetivos, para ceñirla a lo que realmente se hace aquí, que es, nada y nada menos, la divulgación del pensamiento filosófico, centrándose especialmente en los problemas de fundamentación del nacionalismo, ya que considero que el nacionalismo no está, en absoluto, finiquitado. Y pienso esto más allá de considerar que tanto la nación como el nacionalismo son todavía necesarios, aunque tengamos que presenciar formas absurdas y corruptas del mismo. Esto también significa que se han de estudiar otras corrientes de pensamiento para ponerlas en relación con el mismo y no excluye, de ninguna manera, la divulgación de otros textos y temas. Así, en este sentido, seguiré como antaño, ya que Civilización y cultura no ha dejado de ser una web centrada en el pensamiento filosófico que también puede publicar textos sobre otros temas de interés relacionados con la vida y el destino del pensamiento y la racionalidad.

Tampoco puedo olvidar que, en tanto que identifico a la civilización occidental con el pensamiento racional y científico y la verdad racional como su valor supremo, nunca con el cristianismo, Civilización y cultura defenderá a capa y espada los valores de la cultura occidental, y pienso que esto ahora es más necesario que nunca. En este sentido, considero que un negro de Mozambique que rija su conducta moral por criterios racionales será más occidental que un blanco alemán o estadounidense que la rija desde criterios religiosos, respetando siempre las opciones religiosas de cada uno. En definitiva, Occidente nació en Mileto y Grecia, y no en judea. Esto no significa en absoluto que menosprecie a otras civilizaciones, ya que, como expongo en mi texto de Las caras de la realidad, las valoro como joyas preciosas de la culturalidad humana que nos han abierto las puertas a muchas verdades de la existencia.

Las razones en pro del nacionalismo

Pero, ¿cuales son la razones por las que creo que el nacionalismo es todavía necesario? Esto es lo que expongo en uno de mis libros:

La identidad y la cohesión

De la misma manera que la religión, la nación y la identidad nacional ayudan a cohesionar sociedades. Básicamente, porque después de la crisis de la religión y las comunidades tradicionales no se puede vivir sin un cierto tipo de identidad colectiva. De manera singular, como la modernidad es el momento en el cual el nacionalismo ha llegado a desempeñar un papel predominante en relación con el principio de identidad, porque casi lo monopoliza (ahora sería necesario hablar en pasado, porque ha aparecido una fuerte competencia), no parece muy fácil deshacerse de él. Más allá de eso, abdicar de ciertos tipos de naciones, de estados nacionales o de las identidades nacionales, contrariamente a lo que se pretende hacer, hará que florezcan tanto otros tipos de nacionalismos mucho más estrechos, emocionales y con menos componentes cívicos y racionales ilustrados, como sistemas de identidad que fracturan sociedades de forma mucho más lesiva que los mismos nacionalismos.

Los errores de liberalismo

Los liberales consideran que los problemas ocasionados por estos sistemas se derivan de la noción misma de “identidad”, y consideran que los movimientos identitarios son, por sí mismos, contraproducentes y asociales. Creen conocer perfectamente la realidad, y su filosofía se basa en un supuesto realismo metodológico, que pretende partir de la realidad, no de ficciones, para mejorala y cambiarla utilizando sus misma fuerzas y virtudes, ya que sin concocer la realidad o distorsionandola, nada puedes hacer con ella. Pero en realidad ignoran que el hombre no puede vivir sin identidad colectiva, ya que necesita identificarse con algo o con  alguien para sentirse estimado y socialmente útil, de lo contrario, se ve como suspendido en el vacío. Quizá se trate de una debilidad psicológica, no creo que el problema se reduzca a esto, pero esta debilidad es bien real y no puede ser menospreciada, por lo que en lugar de luchar contra las identidades, debemos luchar por forjar identidades de base racional, aplicando el método de utilizar las caracterísitcas de la realidad en nuestro favor o, dicho de otra manera y en el lenguaje de Fernández-Armesto: aprovechando los vientos de cola para navegar con éxito y construir cosas positivas. Todo lo demás es aire caliente y bufonadas pseudoteóricas.

Las nuevas identidades

De hecho, a causa de esta ignorancia y de atacar tanto al nacionalismo (tanto desde liberalismo como desde la izquierda, aunque en este caso ataca el nacionalismo de componente racional, no el emocional), están apareciendo sistemas de identidad y trascendencia basados en redes sociales mucho más inestables, con poco contenido racional o mucho más perniciosos y manipulables, como los que ofrecen sectas, tribus urbanas, ciertas comunidades de internet, etc. Principalmente, y sin embargo, deberíamos hablar de nuevas identidades vinculadas a las particularidades sexuales, de género y de supuestas minorías étnicas, que se basan, de manera única, en la demanda de reparación e inclusión social, considerando que forman parte de grupos que han sido históricamente oprimidos. Esto no tendría nada malo si no fuera porque muchas veces distorsionan la comprensión de la realidad presente y pasada, y exigen que las estructuras sociales se modifiquen sólo para acomodarlas a sus singularidades y deseos particulares menospreciando, muchas veces, las necesidades y los derechos de otros colectivos sociales, como, por ejemplo, a aquellos a los que culpan de las viejas opresiones (el varón blanco cristiano, por ejemplo) como si la culpa fuera algo que debe ser heredado genéticamente. También se basan en la criminalización generalizada de la cultura occidental, y en un desprecio irracional de todo lo que ésta ha aportado a la humanidad, como la filosofía, la Ilustración, la racionalidad, la ciencia, las matemáticas, etc.

La victimización

En general, en lugar de trabajar para superarse y superar por uno mismo los obatáculos de la vida (todos los tenemos) siempre se trata de victimizarse para obtener privilegios, pero como los privilegios se obtienen a costa de los demás, todos estos colectivos se disputan la etiqueta de “víctima máxima”, porque cuanto más víctima seas, más ventajas, subvenciones y ayudas obtendrás, aunque no hagas nada productivo para el bien de tu sociedad. Evidentemente, el problema no procede de las minorías propiamente dichas, sino de determinados sectores que dicen hablar en nombre de ellas y que sacan partido de su supuesta representación, pues son ellos los que al final reciben todo tipo de ayudas a través de sus organizaciones, y no los supuestos representados, que tienen que seguir luchando día a día para ganarse el pan, como todos los demás. En general, pienso que esto está organizado expresamente para liquidar la cohesión social, la modernidad, la eficiencia productiva (que es lo que genera riqueza útil y bienes) y las naciones, en un proceso de retorno a una edad media mental que debemos agradecer, principalmente, tanto a la izquierda moderna como a la demanda absurda y acrítica de pensamiento políticamente correcto. En realidad, cuanto más pobreza y gente dependiente tengas, más poder detentarás porque más gente te necesitará para vivir de tus limosnas, limosnas que habrán pagado, realmente, los supuestos opresores que en lugar de quejarse se levantan cada día a las 6 de la mañana para ir a trabajar.

La búsqueda de refugio moral

Aunque puede haber excepciones y personas que no lo necesitan o lo busquen, casi todo el mundo, a la larga, busca refugio en algún tipo de comunidad, y si dejas un vacío en algún aspecto de la cultura humana siempre habrá otras formas de llenarlo. Lo que sería deseable, según mi forma de entender las cosas y, en cualquier caso, es que tanto el sentido como la necesidad de trascendencia e identidad tuvieran un fundamento racional, pero me parece que todavía nos falta un cierto grado de evolución cultural para llegar hasta este punto, dejando de lado que también tenemos que pensar en la forma de erigir un sentido de trascendencia y de identidad racionalizado, sin perder el trasfondo emocional y espiritual requerido para hacer posible una cohesión social desde el punto de vista moral. En el fondo, esto es lo que Herder y los románticos pedían.

 


 

 

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